Crónicas de Transilvania

Sube la Marea

CRÓNICAS DE TRANSILVANIA: LIBRO I. MAREAS OSCURAS.

 

SUBE LA MAREA
 

Budapest.
Anno Domini 1197.

Un grupo de cainitas de Europa oriental tienen deudas con un poderoso cainita. Éste, el voivoda Radu de Bistria decide cobrarse el favor y utiliza a los recién abrazados chiquillos de estos para una misión: construir un castillo en el Paso de Tihuta para expandir su territorio y acercarse al de su rival, el del conde Mircea Dzardescu. Tras una llegada a Budapest accidentada por una turba enfurecida azuzada por un loco (Octavio), el grupo recibe el encargo y se pone manos a la obra. Sin embargo, las cosas no son sencillas.

De camino, atraviesan la ciudad de Klausenburg, un puesto avanzado que está controlada por un gangrel de la zona, Mitru el Cazador. Éste los castiga por la insolencia de pasar la noche en sus dominios, y envía a un grupo de ghouls a atacar su caravana a la mañana siguiente. La cuadrilla se ve obligada a retirarse y esconderse en unas cuevas cercanas. Para su fortuna, un viajero llamado Myca Vykos decide detenerse a ayudarles, y les guía hasta la presencia del conde Radu, un amable Tzimisce que les ayuda (humillando, en el proceso, a su rival). 

Finalmente, llegaron al Paso de Tihuta para comenzar la construcción del castillo, donde conocieron también a una pareja de cainitas que estaban investigando las ruinas del anterior emplazamiento, Anatole y Lucita. Junto a ellos, encontraron unas misteriosas tablillas y un códice de traducción que astutamente mantuvieron alejado de sus sires y su patrón, y apartaron de sus pensamientos mientras se centraban en la construcción del castillo

Tras varios problemas y dificultades, consiguieron superar el último empujón que se requería de ellos gracias al apoyo de Myca Vykos, el mismo Tzimisce que les había salvado la vida, que les proporcionó recursos para terminar la construcción del castillo justo a tiempo a cambio de un favor. Tardaría 100 años en volver a cobrárselo, pero merecería la pena cada segundo de espera. 

Finalmente, como "recompensa", sus sires decidieron unirles un poco más a ellos y reforzar el vínculo de sangre, estrechando su control sobre los chiquillos. 

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Nikolatos

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